jueves, 20 de junio de 2013

Las Hordas Bárbaras


La invación de las hordas bárbaras
En su apogeo, el Imperio Romano se extendió desde el norte de Inglaterra en el oeste hasta Jordania, la gran ciudad de Constantinopla en oriente y abarcó la totalidad de la costa norte del África y Egipto. Fue la civilización más poderosa y avanzada que el mundo había conocido. Su poderío militar y naval era incomparable, así como su tecnología en la construcción de edificios, ingeniería del agua, cultura, sistema legal, enseñanza y medicina, que no fue igualada sino hasta la Edad Media. Era un imperio muy grande que en el año 325 había aceptado como religión oficial el Cristianismo.

Atila, rey de los godos
Alrededor del año 370, las hordas de bárbaros comenzaron a llegar a Europa desde Asia, Mongolia, las estepas rusas y más allá, en busca de mejores condiciones de vida. Llegaron cientos de miles de personas, jinetes, soldados de a pie, agricultores con animales, familias, todos en busca de una vida mejor. Fueron llamados los Hunos, Godos, Vándalos, Visigodos y los Eslavos, y una vez en Europa se separaron. Los Hunos se fueron al norte hasta el Báltico, y luego por el valle del Rin, donde se reunieron y se fusionaron con las tribus locales. Los godos y visigodos fueron al sur y al oeste, hacia Francia, Italia y luego a España.
Los visigodos fueron un pueblo germánico que vivía alrededor del Danubio y los pastizales de los Balcanes de Dacia cruzaron las fronteras del decadente Imperio Romano y avanzaron a Constantinopla en el año 376, donde ofrecieron sus servicios militares al emperador romano del este Velens, a cambio de poseer terrenos. Esto fue una ventaja para los romanos y los visigodos recibieron permiso para establecerse en Tracia (Bulgaria). Sin embargo, no fueron bien acogidos por los romanos por lo que se rebelaron y en una batalla mataron a toda la fuerza militar romana de Tracia.
Los godos en batalla